Siempre que hablo del estoicismo, ya sea en los cursos para empresas, en Faro Estoico, en charlas con amigos o en reuniones familiares, surge una pregunta recurrente: “Gabriel, ¿qué significa ser estoico?”. Buscan respuestas simples, algo que puedan llevarse a casa y aplicar. Y no los culpo. En un mundo donde lo rápido y superficial domina, necesitamos claridad y autenticidad.
Para mí, ser estoico no es mostrarme como un “súper-atleta” emocional ni repetir frases cliché de Marco Aurelio. Es, simplemente, vivir de acuerdo a la virtud, enfocar nuestras energías en lo que podemos controlar y aceptar con serenidad lo que no está en nuestras manos. Pero no confundamos estoicismo con autoayuda barata o “carpe diem” modernizado. Como dice Jorge Freire, cuando reducimos el estoicismo a “píldoras motivacionales” o frases en una taza, la virtud pierde su profundidad. Y hoy, más que nunca, necesitamos esa profundidad.
Recientemente, estuve reflexionando sobre esto mientras hacia los preparativos de los nuevos cursos que lanzaremos en Faro Estoico entre enero y febrero. Estos cursos tienen un propósito claro: desmitificar el estoicismo y devolverle su autenticidad. No busco ser un gurú ni convertir esta filosofía en una máquina de generar ingresos. Lo hago para combatir la frivolidad con la que se ha tratado en redes y para compartir una herramienta que transformó mi vida y la de otros. No son cursos para “lograr el éxito” o “dominar la vida”. Son un espacio para cuestionar, aprender y aplicar el estoicismo real, ese que te da libertad interna aunque el mundo esté en caos.
Ahora bien, estamos a 23 de diciembre. Las fiestas están a la vuelta de la esquina, y con ellas, emociones mezcladas: alegría, nostalgia, a veces estrés. Son días que nos empujan a pensar en todo lo que hicimos o no hicimos durante el año. Pero acá quiero invitarte a algo diferente: recordar lo esencial. Epicteto decía: “El hombre no se perturba por las cosas, sino por la opinión que tiene de ellas”. Las fiestas no son una obligación de estar bien o perfecto. Son una oportunidad para practicar la gratitud, para valorar lo que tenemos y soltar lo que no necesitamos.
Y mientras preparamos brindis y regalos, quiero dejarte una reflexión práctica. Imagina que cada intercambio, cada reunión familiar o cada mensaje es un momento para practicar alguna virtud: paciencia, gratitud, aceptación, etc. En lugar de enfocarte en lo que falta, enfócate en lo que está presente. Alimentá, como dijimos en otro post, al lobo correcto dentro de vos.
Te invito a que uses este fin de año no para prometer grandes cambios, sino para dar pequeños pasos. Porque, como me gusta recordar: “A camino largo, paso corto”. Y si te interesa profundizar en esto, en 2025 te espero en los cursos de Faro Estoico. Será un espacio para crecer juntos, lejos de las fórmulas mágicas y cerca de lo real.
Con gratitud, Gabriel.