En estos tiempos modernos, hay mil formas de sumergirnos en la lectura. Los libros electrónicos, los audiolibros y los podcasts han revolucionado la manera en que accedemos a las historias, haciendo la lectura más accesible y dinámica. Te permiten leer en cualquier lugar, a cualquier hora, y hasta mientras haces otras cosas. ¡Es Impresionante! Hoy en día puedes llevar una biblioteca entera en tu bolsillo.
Pero… ¿qué ven nuestros hijos? Para ellos, un teléfono no es más que otra pantalla. Podrías estar en Instagram, respondiendo correos del trabajo o viendo un partido de fúbol. Ellos no ven el libro, no ven la magia.
Es fundamental que nuestros hijos nos vean leyendo, pero leyendo libros físicos. Que nos vean perdidos en una novela, en la silla del comedor o en un bus mientras viajamos, con un libro de “lo que sea” en mano en lugar de una pantalla. Que noten esa pila de biografías en tu mesa de noche. Hace mucho leí, no recuerdo en donde, una frase que selló esta idea: “Los niños que leen se convierten en adultos que piensan.”
Un teléfono puede contener libros maravillosos, pero no tiene el mismo impacto. No transmite el mismo mensaje. No enseña la misma lección. Nuestros hijos deben vernos leyendo libros físicos. Esa es una responsabilidad que tenemos como padres.
Entonces, la próxima vez que agarres tu teléfono para “leer”, piensa en lo que tus hijos están viendo. Levanta un libro físico, deja que vean la portada, la pila en tu mesa de noche, tu entusiasmo al pasar cada página. Deja que sientan la magia de la lectura como una actividad esencial e independiente. ¡Que te vean leyendo libros físicos!
Sigamos cultivando la filosofía estoica en nuestras vidas y en las de nuestros pequeños.
¡Hasta la próxima, lectores estoicos!